Juan Morales Herrera, profesor primario y militante socialista, narra su vida desde sus primeros años en Iquique hasta su detención y posterior exilio. Explica cómo su activismo político lo llevó a involucrarse en operaciones clandestinas durante la dictadura. Juan nació en Iquique y se formó como profesor primario en Antofagasta. Militó activamente en el Partido Socialista en el altiplano, colaborando con figuras como Alejandro Soria Vargas y Freddy Taberna. Participó en operaciones como volar un camino alternativo usado para el contrabando hacia Bolivia.
Fue detenido el 4 de octubre de 1973 en Iquique, interrogado y torturado en el cuartel de Carabineros y el regimiento de Telecomunicaciones. Sufrió interrogatorios brutales, golpes con culatas de fusil y tortura con electricidad. Relata haber sido sometido a condiciones inhumanas en Pisagua, incluyendo exposición al sol y trabajos forzados. Fue procesado por un consejo de guerra en noviembre de 1973, enfrentando inicialmente la pena de muerte, que luego fue conmutada a 25 años de prisión. Gracias a gestiones familiares y la intervención de una abogada conocida, su condena se redujo a cinco años. Fue encarcelado durante dos años y medio en Iquique antes de obtener un indulto, aunque esto lo expuso a nuevas detenciones y amenazas. Escapó a Perú, donde también fue perseguido, y finalmente se exilió en Canadá. En Canadá, estudió y trabajó como profesor, trabajador comunitario y consejero. Desarrolló múltiples profesiones y ayudó a inmigrantes y refugiados.
Menciona a Alejandro Soria Vargas, Jorge Soria Quiroga, Freddy Taberna, Marcelo Guzman, Juan Osorio, Palomino, Bárbara Petersen, Orlando Soto
Francisco Prieto relata su experiencia como víctima de la dictadura, enfocándose en su detención, prisión y tortura en Pisagua. También describe la persecución y represión sufrida por su familia debido a su participación política en movimientos de izquierda como el Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y el Frente de Trabajadores Revolucionarios (FTR).
Prieto fue detenido por la CNI y fue llevado encapuchado al centro de detención, donde fue sometido a torturas físicas y psicológicas.
Fue trasladado a Pisagua el 14 de septiembre de 1973 junto con otros 37 presos políticos. Describe condiciones extremas de hacinamiento, privación sensorial, torturas y ejecuciones. El testimonio destaca el hambre, el frío y la incertidumbre constante, agravada por la falta de información sobre los compañeros desaparecidos tras los interrogatorios. Menciona el arribo de un barco con presos de Valparaíso y las visitas de la Cruz Roja Internacional a Pisagua, que mejoraron brevemente las condiciones.
En 1974, fue sometido a un consejo de guerra sin defensa efectiva, donde se le condenó al exilio interno en una localidad rural de Talca llamada «Pelarco.»
Tras la dictadura, Prieto y su familia abrieron un restaurante, «Barlovento,» que se convirtió en un punto de resistencia pacífica y encuentro para líderes democráticos.
Menciona a Carlos Herrera Jiménez, Mario Acuña, Juan Prieto, Fernando y Eduardo Prieto, Orlando Soto, Tito Lizardo.
Francisco Bretón, profesor de Estado y militante de la Juventud Socialista, fue detenido en dos ocasiones durante la dictadura. La primera detención ocurrió el 29 de agosto de 1973 por su participación en actividades políticas y la segunda tras el golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973.
Antes del golpe, Bretón era un militante activo que participaba en campañas políticas de la Unidad Popular y actividades de propaganda. Fue detenido en agosto de 1973 junto a otros compañeros bajo la acusación de formar un grupo guerrillero. Aunque fueron liberados momentáneamente, el golpe de Estado intensificó la persecución.
El 14 de septiembre de 1973, fue trasladado al centro de detención de Pisagua tras pasar por el regimiento de Telecomunicaciones en Iquique, donde sufrió brutales interrogatorios, golpizas y torturas, incluyendo golpes eléctricos y abuso sexual. En Pisagua, los prisioneros enfrentaban condiciones inhumanas: hacinamiento, violencia constante y trabajos forzados. Bretón relató el trato despiadado de los guardias, especialmente de “El Perro” García.
Bretón fue sometido a un consejo de guerra sin posibilidad de defensa, donde varios compañeros fueron condenados a muerte y ejecutados. A él le dieron una sentencia de tres años de relegación en Puerto Porvenir, Magallanes, que posteriormente fue cambiada a Inca de Oro, Copiapó. Allí, pese a la vigilancia constante, logró integrarse a la comunidad y trabajar como profesor.
Tras cumplir su relegación, Bretón fue liberado, pero continuó siendo perseguido por la CNI. Fue secuestrado en 1983, torturado y abandonado herido en las afueras de Iquique. A pesar de todo, permaneció activo políticamente, integrándose al Comité Permanente de Solidaridad. En 1988, con la ayuda de este comité, intentó exiliarse a Suecia, pero quedó atrapado en Bolivia durante un año antes de regresar a Chile en 1990.
Menciona a Freddy Taberna, Juan Antonio Ruz, José Sampson, Palomino, Gilberto Ibarra, Rita Vena, Damián Rojas, Reginaldo Saavedra, Odessa Flores, Juana Reyes
Alfonso Araya nació en Chuquicamata y se trasladó a Iquique, donde trabajó en la Dirección de Obras Sanitarias. Fue militante comunista y luego integrante del Frente de Trabajadores Revolucionarios (FTR).
Fue dirigente sindical en Obras Sanitarias, lo que lo expuso como objetivo político tras el golpe de Estado de 1973. El 4 de noviembre del mismo año fue detenido por militares y llevado al regimiento de Telecomunicaciones en Iquique. Allí fue brutalmente interrogado, golpeado y torturado mediante métodos como golpes, electrocución y colgamientos. Además, fue acusado falsamente de conspirar para envenenar el agua, una de las múltiples acusaciones fabricadas en su contra.
Fue sentenciado en un consejo de guerra y relegado a Ovalle por más de 500 días. Tras cumplir su relegación, regresó a Iquique y luego se trasladó a Arica, donde trabajó en una notaría mientras continuaba vinculado a actividades de derechos humanos. Al tiempo, fue detenido nuevamente por las autoridades debido a su activismo y sufrió un montaje judicial que lo llevó a prisión por más de un año.
Menciona a: Nuñez (Pajita), González (Pera), Toro (Torito), Valdrá, Zurita, Adonis, Freddy Taberna.
Ignelia Patricia Fuentes Rojas proviene de una familia unida en Iquique y estudiaba contabilidad en el Instituto Comercial. Era militante de las Juventudes Socialistas y vicepresidenta del Centro de Alumnos. El 3 de octubre de 1973 fue detenida por Carabineros tras intentar retomar su vida cotidiana, días después de la detención de su madre, simpatizante de la Federación de Mujeres Socialistas.
Durante su detención, Ignelia fue brutalmente torturada. Recibió golpes, descargas eléctricas, fue quemada con cigarrillos, sufrió simulacros de fusilamiento y fue sometida a vejaciones físicas y psicológicas. A pesar de la violencia, no fue violada, aunque fue víctima de acoso sexual por parte de sus captores. Permaneció incomunicada y sin contacto con su familia, hasta ser trasladada al penal de Pisagua, donde se reunió brevemente con su madre.
En Pisagua, enfrentó tortura psicológica constante, amenazas de fusilamiento y sesiones de interrogatorio. Fue castigada en las caballerizas, expuesta al sol y sometida a condiciones inhumanas. Durante el primer consejo de guerra para mujeres en diciembre de 1973, Ignelia fue juzgada sin defensa legal. Aunque inicialmente enfrentaba un año de prisión, finalmente fue liberada junto con su madre.
Debido al trauma y la persecución, se trasladó a Santiago, donde continuó trabajando en el ámbito de los derechos humanos y en actividades políticas clandestinas. Mantuvo una relación con Víctor Serena, un militante socialista, quien fue torturado y asesinado por agentes del régimen. Más tarde, Ignelia se casó con Luis López Mora, también militante socialista, quien fue detenido y permaneció encarcelado durante cinco años.
Ignelia y su familia vivieron exiliados en Alemania, gracias a la intervención de Amnistía Internacional. Regresaron a Chile en 1994, donde Ignelia continuó trabajando en el ámbito municipal en Iquique y Alto Hospicio.
Luis Tapia Hidalgo fue estudiante y deportista en su juventud, militaba en las Juventudes Socialistas, siguiendo los pasos de su padre. En agosto de 1973 fue detenido injustamente bajo acusaciones falsas de participar en actividades subversivas, pasando una semana encarcelado. Tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, vivió con temor constante. El 28 de septiembre fue detenido nuevamente mientras huía de los militares que lo buscaban en su barrio.
Luis fue llevado al regimiento de Telecomunicaciones de Iquique, donde sufrió brutales interrogatorios y torturas: golpes, quemaduras de cigarrillos y simulacros de fusilamiento. Posteriormente fue trasladado a un container de metal, donde permaneció en condiciones inhumanas antes de ser llevado al campo de prisioneros de Pisagua.
En Pisagua, enfrentó trabajos forzados, más torturas y violencia extrema por parte de los militares. Describió casos específicos de otros prisioneros, como Nelson Márquez y Andrés Carlos, quienes sufrieron abusos y castigos hasta ser asesinados o quedar psicológicamente destruidos.
Luis también recordó su participación en el Consejo de Guerra, donde fue condenado a dos años de prisión. Fue trasladado a la cárcel de Iquique, donde enfrentó nuevas dificultades para encontrar trabajo y continuar sus estudios tras ser liberado. Sin embargo, logró reconstruir su vida, formando una familia y criando a dos hijas profesionales.