Romeraldo Espinoza se unió a las Juventudes Socialistas a los 15 años, influenciado por sus padres, fervientes partidarios de Salvador Allende. Allí participó en actividades políticas como propaganda y campañas electorales. Se unió a la brigada Elmo Catalán, encargada de pintar murales y realizar tareas partidarias.
El 11 de septiembre de 1973, fue detenido junto a otros compañeros mientras intentaban proteger el Liceo de Niñas de Iquique de posibles tomas por grupos de derecha. Fue trasladado al Regimiento de Telecomunicaciones, donde fue interrogado y maltratado. Fue liberado días después por su edad, aunque fue golpeado durante su arresto.
Tras su liberación, continuó luchando desde la clandestinidad junto con otros militantes socialistas y comunistas. Participó en la organización de reuniones secretas y la creación del Comité Permanente de Solidaridad con los Presos Políticos.
Allí, relata su participación en la búsqueda de detenidos desaparecidos en Pisagua, guiados por testimonios de sobrevivientes y familiares. Describe la excavación clandestina en el cementerio de Pisagua y el hallazgo de cuerpos enterrados en fosas comunes, incluyendo 19 cadáveres y restos humanos en una bolsa cuya ubicación aún es incierta.
Menciona a Manuel Jiménez, Ernesto Pérez, Francisco Bretón, Mario Magne, Tito Elizalde, Luis Aroca, Tito Barreda, Carlos Cabrera, Jaime Quiroga, Luis Carola, Enrique Silva, Marino Jimenez, Daniel Andrés, Freddy Taberna, Carlos Lorca, Carlos Altamirano, Jorge Marín, William Miller.
Haroldo Quinteros fue profesor universitario y dirigente del Partido Socialista en Iquique durante el golpe de Estado de 1973. Quinteros creció en una familia proletaria, influenciado por su padre, un dirigente obrero. Estudió pedagogía gracias a becas y se involucró activamente en la política, ingresando al Partido Socialista en 1965. Se convirtió en dirigente regional en Iquique, participando en la campaña de la Unidad Popular y enfrentando la violencia de la oposición y la represión militar.
Tras el golpe, fue buscado intensamente por los militares. Finalmente fue detenido, torturado en el regimiento de Telecomunicaciones de Iquique y trasladado a Pisagua, donde vivió en condiciones inhumanas junto a otros presos políticos. Detalla los métodos de tortura que sufrió, incluyendo golpes, electricidad y humillaciones constantes.
En Pisagua fue sometido a un juicio militar amañado, donde fue condenado a muerte junto a otros compañeros. Su condena fue cambiada a presidio perpetuo de manera inesperada. Describe la ejecución de sus amigos, incluyendo un emotivo discurso de despedida.
Gracias a la presión internacional, fue liberado bajo el decreto 504, que implicaba exilio perpetuo. Vivió en Alemania, donde completó un doctorado y trabajó como profesor universitario. Regresó a Chile en 1985, enfrentando dificultades para encontrar trabajo debido a su historial político. Finalmente, en 1994, logró reincorporarse a la Universidad Arturo Prat tras una intervención directa del entonces Ministro de Educación, Ricardo Lagos.
Menciona a: Freddy Taberna, José Sampson, Rodolfo Fuenzalida, Juan Antonio Ruz, Marcelino Lama, Víctor Briones, Oscar Varela, Roberto Fuentes, Miguel Aguirre «El Cabito»
Elena Espinoza Geddes, simpatizante del Partido Comunista, relata su detención en su hogar en Iquique durante la dictadura militar en Chile. Sin militancia formal, su interés político y participación en concentraciones públicas la convirtieron en objetivo del régimen. Fue arrestada de madrugada y llevada al regimiento de Telecomunicaciones, donde fue interrogada antes de ser trasladada a Pisagua.
En Pisagua, soportó condiciones de encierro y miedo constante. Aunque no sufrió tortura física directa, vivió bajo amenazas y presenció interrogatorios violentos contra otros detenidos, cuyos gritos aún recuerda. Relata cómo ella y sus compañeras encontraron formas de comunicarse en secreto con los presos hombres mediante notas ocultas.
Menciona a varias compañeras como Margarita Álvarez, conocida por mantener el ánimo del grupo cantando y contando historias. También destaca a Anita Marambio y otras mujeres con quienes formó lazos indestructibles que perduran hasta hoy.
Tras su liberación, enfrentó arraigo y debía firmar semanalmente ante las autoridades. Aunque logró retomar su vida laboral, las experiencias de detención y el ambiente represivo dejaron una huella profunda en su memoria.
Menciona a: Margarita Álvarez, Anita Marambio, Nadia García, Freddy Taberna, Roberto (vecino) y Clotilde (compañera de detención)
Mario Magne creció enfrentando dificultades económicas y trabajando desde joven para apoyar a su familia. Fue un líder sindical y militante del Partido Socialista, involucrado en actividades políticas y sindicales durante el gobierno de la Unidad Popular.
Con el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, Mario fue perseguido y detenido el 28 de septiembre del mismo año. Durante su detención, fue brutalmente torturado en el regimiento de Telecomunicaciones de Iquique, donde enfrentó golpizas, simulacros de fusilamiento y abusos extremos.
Posteriormente, fue trasladado al campo de prisioneros de Pisagua, donde estuvo sometido a trabajos forzados, frío extremo, hambre y constantes amenazas de muerte. Fue testigo de torturas y ejecuciones de compañeros. Relata cómo los presos desarrollaron estrategias de supervivencia basadas en la solidaridad y la resistencia.
Mario también describe lo que pasó tras su liberación, enfrentando listas negras que le impedían encontrar trabajo. A pesar de todo, logró formar una empresa constructora, ayudando a otros ex presos políticos.
Menciona a Rodolfo Fuenzalida, Marcelo Guzmán, Freddy Taberna y Ernesto Pérez, Carlos Valdivieso, Andrés Carlos, Jorge Marín y William Millar, Arturo del Solar Jara y Mario Acuña.
La Agrupación de Ex -Presos Políticos de Valdivia fue fundada en el año 1990. En sus inicios esta organización tuvo como objetivo abogar por la libertad de los presos y presas políticos que, en democracia, aún se encontraban en reclusión en la Cárcel de Isla Teja. Después del golpe de Estado, los prisioneros políticos no tenían permiso para ver a sus familiares ni para trabajar. Con el tiempo esta situación cambió y se permitieron las visitas los días sábado y facilidades para trabajar en un taller de carpintería. Los detenidos llegaban en muy malas condiciones físicas y anímicas, debido a que desde el mismo momento de su detención eran sometidos a malos tratos, tortura e intensos interrogatorios. Provenían de los diversos retenes y comisarías de la provincia, así como de recintos militares habilitados para este propósito. En esta entrevista se registra la primera visita de ex presos políticos a la Cárcel de Isla Teja, que se mantuvo operativa hasta el año 2007.
Recorrido realizado por la ex Cárcel de La Serena junto a un grupo de prisioneros políticos que pasaron por el recinto los meses posteriores al golpe de Estado. Los testimoniantes describen la realidad cotidiana en el recinto, y comparten sus recuerdos personales en el lugar. Señalan especialmente el alto nivel de hacinamiento y las pésimas condiciones de salubridad, así como la organización entre los compañeros para mejorar sus condiciones. Asimismo, recuerdan el paso de la Caravana de la Muerte por la ciudad, y el efecto que generó entre los presos.