Elizabeth Larenas Molina entrega un testimonio centrado en la vida y asesinato de su hermana menor, Carmen Gloria Larenas Molina, militante comunista y dirigente juvenil asesinada el 12 de julio de 1983 en Valparaíso durante una jornada de protesta nacional convocada contra la dictadura. La entrevistada reconstruye la historia de una familia obrera numerosa de Valparaíso, marcada por una fuerte conciencia social y política vinculada al apoyo al gobierno de Salvador Allende. Relata cómo el golpe de Estado de 1973 afectó profundamente a su entorno familiar mediante allanamientos, detenciones de sus hermanos y persecución política permanente. En ese contexto, Carmen Gloria desarrolló una activa militancia en organizaciones estudiantiles y sociales, participando en movilizaciones contra la dictadura. Durante una protesta en el Cerro Esperanza fue alcanzada por disparos efectuados por agentes represivos, falleciendo producto de una herida de bala en el pecho a los 19 años. Elizabeth describe el impacto devastador que este crimen tuvo sobre su familia y denuncia las dificultades enfrentadas durante décadas para obtener verdad y justicia, señalando que, pese a la identificación de responsables y la existencia de antecedentes judiciales, el caso continúa sin una resolución definitiva. Asimismo, reflexiona sobre la importancia de la memoria histórica, los derechos humanos y la necesidad de evitar la repetición de hechos similares.
Elda Marisol Marín Flores, nacida en Coquimbo en 1966, reconstruye la historia de su padre, José Arturo Marín Morales, dirigente de la Unidad Popular y delegado presidencial en la comuna de Monte Patria durante el gobierno de Salvador Allende. Desde la perspectiva de una niña que vivió directamente los acontecimientos, relata el impacto del golpe de Estado de 1973 en su familia, incluyendo el hostigamiento policial, el arresto domiciliario que su padre debió cumplir entre 1973 y 1975 y las dificultades económicas que enfrentaron posteriormente. Destaca el apoyo brindado por la comunidad de Monte Patria, donde su padre era ampliamente reconocido por su trabajo social y compromiso con los habitantes del sector. Asimismo, recuerda una nueva detención ocurrida en 1985, cuando agentes de la CNI allanaron su hogar y lo acusaron de actividades políticas clandestinas, permaneciendo encarcelado durante más de tres años. Según su relato, José Arturo Marín salió de prisión con graves problemas de salud y posteriormente falleció en 1994 producto de un cáncer. Además, reflexiona sobre la importancia de las organizaciones de derechos humanos, su participación en agrupaciones de ex presos políticos y familiares, el estallido social de 2019 y la necesidad de preservar la memoria histórica para evitar la repetición de las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la dictadura.
Cristian Valdemar Zepeda Rodríguez, nacido en Chuquicamata en 1980, entrega un testimonio que entrelaza la experiencia de su familia durante la dictadura con sus propias reflexiones sobre la memoria, la política y los derechos humanos. Hijo de Sabino Valdemar Zepeda Araya, ex preso político y trabajador de Codelco, y de Enmienda del Carmen Rodríguez Torres, exonerada política que desarrolló graves problemas de salud mental asociados a la persecución sufrida por su familia, relata cómo creció en un ambiente marcado por el silencio, el miedo y las secuelas de la represión. Recuerda las historias que su padre le contó sobre su detención, la vigilancia y hostigamiento posteriores al golpe de Estado, así como las consecuencias psicológicas que aquello tuvo en su madre. Describe su infancia en Calama y Chuquicamata, el ambiente minero y sindical, el plebiscito de 1988, el traslado de su familia a Ovalle tras la jubilación de su padre y su posterior participación en movimientos estudiantiles y organizaciones políticas. A lo largo de la entrevista reflexiona críticamente sobre la transición democrática, los gobiernos posteriores a la dictadura, las desigualdades sociales, la lucha por la educación pública, la defensa del agua y la necesidad de fortalecer los procesos de verdad, justicia, reparación y memoria para las víctimas de violaciones a los derechos humanos.
Alejandra Toro Valenzuela entrega un testimonio sobre las consecuencias que tuvo la dictadura en su familia a partir de la detención y exoneración política de su padre, Osman Toro. Desde sus recuerdos de infancia en Tongoy, describe una vida familiar marcada por la participación política de su padre en la Unidad Popular, que se vio abruptamente interrumpida tras el golpe de Estado de 1973, cuando su hogar fue allanado por Carabineros y su padre fue detenido e incomunicado. La entrevistada relata las dificultades económicas que enfrentó su madre, embarazada y con varios hijos pequeños, debiendo sostener a la familia mediante la elaboración y venta de alimentos, labor en la que participaron también los hijos. Destaca que, tras recuperar la libertad, su padre regresó profundamente afectado por la prisión política, transformándose su personalidad y produciéndose posteriormente la desintegración del núcleo familiar. Finalmente, reflexiona sobre las secuelas que la represión dejó en las familias de ex presos políticos, valora el trabajo de las organizaciones de derechos humanos y enfatiza la importancia de preservar la memoria histórica y reconocer a quienes fueron perseguidos por sus convicciones políticas.
En esta ocasión, nos acompaña Cristina Alegría, hija de Roberto Alegría, profesor y ex prisionero político de la Isla Quiriquina durante los primeros días del golpe de Estado. Cristina visita la zona de El dolor de los niños, ubicada en el primer piso del Museo y parte de la muestra permanente. En este lugar están expuestas 3 cartas escritas por su hermana quien firma como “Patito” y por ella que firma “Lulú”, siendo muy pequeñas y estando también separadas de su madre, Leticia Soto, por razones de seguridad. Cristina, acompañada de sus hijas detrás de cámara, habla sobre cada una de estas cartas y da cuenta de los sentimientos y preocupaciones que le transmiten estas correspondencias hasta hoy, nos cuenta sobre la fortuna de haber sobrevivido y de la gratitud que siente al poder visitar este lugar junto a su familia y ver las cartas que su madre donó al MMDH en 2012.
David es un profesor y actual director de la ONG La Caleta, quién ha dedicado los últimos 50 años al trabajo con NNA. Comenta sus inicios como docente, que fue truncado llegado el golpe de Estado. Ante lo cual, posteriormente comienza a apoyar el trabajo desarrollado por Karoline Mayer en la población Angela Davis, a través de jardines infantiles como el Hogar Naciente, del cual llegó a ser director y que fue replicado en otras poblaciones de Santiago. Así como las ollas comunes y otras formas de organización social.
Comenta como a inicios de los años 80’ profundiza su trabajo con NNA consumidores de neoprén, sustancia que se convirtió en unos de las principales vías de escape al hambre existente en la población vulnerable, en paralelo al trabajo con colonias urbanas de la zona norte.
En 1985 se separa del trabajo previo realizado junto a la iglesia y da forma a la ONG La Caleta, centrada en el apoyo a NNA consumidores de droga y cuyo trabajo continúa hasta el hoy.