Manuel Guillermo Jiménez Méndez relata su experiencia como militante de las Juventudes Socialistas y miembro de la Brigada de Propaganda Elmo Catalán en 1973. Fue detenido el 28 de septiembre de 1973 en su casa por militares, siendo trasladado al Regimiento de Telecomunicaciones de Iquique, donde sufrió torturas físicas y psicológicas junto a otros detenidos.
Durante su encarcelamiento en el Regimiento de Telecomunicaciones, fue sometido a interrogatorios brutales con descargas eléctricas y golpes. Menciona el uso de la «parrilla» y cómo fue testigo de torturas a otros prisioneros como Bretón y Marín.
Posteriormente fue llevado a Pisagua junto a otros detenidos, incluyendo miembros del Partido Socialista y profesores. Allí vivió condiciones inhumanas: interrogatorios violentos, golpizas colectivas y la privación de alimentos. Fue testigo del fusilamiento de Germán Palomino y la sentencia a muerte de Luis Fuentes López, aunque este último fue finalmente salvado.
Tras un juicio militar injusto, fue relegado a Pichilemu, donde trabajó como garzón y en incendios forestales. A su regreso a Iquique, participó en la organización de movimientos de derechos humanos como la Agrupación de Presos Políticos y Ejecutados Políticos. Finalmente, menciona que colaboró con la Vicaría de la Solidaridad y dio su testimonio en procesos judiciales contra responsables de violaciones de derechos humanos.
Juan Morales Herrera, profesor primario y militante socialista, narra su vida desde sus primeros años en Iquique hasta su detención y posterior exilio. Explica cómo su activismo político lo llevó a involucrarse en operaciones clandestinas durante la dictadura. Juan nació en Iquique y se formó como profesor primario en Antofagasta. Militó activamente en el Partido Socialista en el altiplano, colaborando con figuras como Alejandro Soria Vargas y Freddy Taberna. Participó en operaciones como volar un camino alternativo usado para el contrabando hacia Bolivia.
Fue detenido el 4 de octubre de 1973 en Iquique, interrogado y torturado en el cuartel de Carabineros y el regimiento de Telecomunicaciones. Sufrió interrogatorios brutales, golpes con culatas de fusil y tortura con electricidad. Relata haber sido sometido a condiciones inhumanas en Pisagua, incluyendo exposición al sol y trabajos forzados. Fue procesado por un consejo de guerra en noviembre de 1973, enfrentando inicialmente la pena de muerte, que luego fue conmutada a 25 años de prisión. Gracias a gestiones familiares y la intervención de una abogada conocida, su condena se redujo a cinco años. Fue encarcelado durante dos años y medio en Iquique antes de obtener un indulto, aunque esto lo expuso a nuevas detenciones y amenazas. Escapó a Perú, donde también fue perseguido, y finalmente se exilió en Canadá. En Canadá, estudió y trabajó como profesor, trabajador comunitario y consejero. Desarrolló múltiples profesiones y ayudó a inmigrantes y refugiados.
Menciona a Alejandro Soria Vargas, Jorge Soria Quiroga, Freddy Taberna, Marcelo Guzman, Juan Osorio, Palomino, Bárbara Petersen, Orlando Soto
Francisco Prieto relata su experiencia como víctima de la dictadura, enfocándose en su detención, prisión y tortura en Pisagua. También describe la persecución y represión sufrida por su familia debido a su participación política en movimientos de izquierda como el Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y el Frente de Trabajadores Revolucionarios (FTR).
Prieto fue detenido por la CNI y fue llevado encapuchado al centro de detención, donde fue sometido a torturas físicas y psicológicas.
Fue trasladado a Pisagua el 14 de septiembre de 1973 junto con otros 37 presos políticos. Describe condiciones extremas de hacinamiento, privación sensorial, torturas y ejecuciones. El testimonio destaca el hambre, el frío y la incertidumbre constante, agravada por la falta de información sobre los compañeros desaparecidos tras los interrogatorios. Menciona el arribo de un barco con presos de Valparaíso y las visitas de la Cruz Roja Internacional a Pisagua, que mejoraron brevemente las condiciones.
En 1974, fue sometido a un consejo de guerra sin defensa efectiva, donde se le condenó al exilio interno en una localidad rural de Talca llamada «Pelarco.»
Tras la dictadura, Prieto y su familia abrieron un restaurante, «Barlovento,» que se convirtió en un punto de resistencia pacífica y encuentro para líderes democráticos.
Menciona a Carlos Herrera Jiménez, Mario Acuña, Juan Prieto, Fernando y Eduardo Prieto, Orlando Soto, Tito Lizardo.
Francisco Bretón, profesor de Estado y militante de la Juventud Socialista, fue detenido en dos ocasiones durante la dictadura. La primera detención ocurrió el 29 de agosto de 1973 por su participación en actividades políticas y la segunda tras el golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973.
Antes del golpe, Bretón era un militante activo que participaba en campañas políticas de la Unidad Popular y actividades de propaganda. Fue detenido en agosto de 1973 junto a otros compañeros bajo la acusación de formar un grupo guerrillero. Aunque fueron liberados momentáneamente, el golpe de Estado intensificó la persecución.
El 14 de septiembre de 1973, fue trasladado al centro de detención de Pisagua tras pasar por el regimiento de Telecomunicaciones en Iquique, donde sufrió brutales interrogatorios, golpizas y torturas, incluyendo golpes eléctricos y abuso sexual. En Pisagua, los prisioneros enfrentaban condiciones inhumanas: hacinamiento, violencia constante y trabajos forzados. Bretón relató el trato despiadado de los guardias, especialmente de “El Perro” García.
Bretón fue sometido a un consejo de guerra sin posibilidad de defensa, donde varios compañeros fueron condenados a muerte y ejecutados. A él le dieron una sentencia de tres años de relegación en Puerto Porvenir, Magallanes, que posteriormente fue cambiada a Inca de Oro, Copiapó. Allí, pese a la vigilancia constante, logró integrarse a la comunidad y trabajar como profesor.
Tras cumplir su relegación, Bretón fue liberado, pero continuó siendo perseguido por la CNI. Fue secuestrado en 1983, torturado y abandonado herido en las afueras de Iquique. A pesar de todo, permaneció activo políticamente, integrándose al Comité Permanente de Solidaridad. En 1988, con la ayuda de este comité, intentó exiliarse a Suecia, pero quedó atrapado en Bolivia durante un año antes de regresar a Chile en 1990.
Menciona a Freddy Taberna, Juan Antonio Ruz, José Sampson, Palomino, Gilberto Ibarra, Rita Vena, Damián Rojas, Reginaldo Saavedra, Odessa Flores, Juana Reyes
Guillermo (Conocido como Billy Willy) trabajaba en proyectos radiales y era socialista. Participó en la creación de la Radio El Loa en Chuquicamata, orientada a la clase trabajadora. Luego intentó fundar una radio en Iquique llamada «Verónica Internacional,» pero enfrentó trabas burocráticas y políticas. Estaba tramitando la concesión cuando ocurrió el golpe militar. Tras el golpe, decidió regresar a Iquique para defender sus bienes y aclarar su situación, pero fue detenido en el aeropuerto y llevado al cuartel de Telecomunicaciones, donde fue torturado. Allí, sufrió interrogatorios intensos, golpes y descargas eléctricas. Pese a la violencia, logró soportar gracias a su ingenio para aliviar el dolor. Posteriormente, fue trasladado a Pisagua junto con otros detenidos, donde enfrentaron un régimen de trabajos forzados y malos tratos.
En Pisagua, Guillermo relata cómo surgieron redes de solidaridad entre los presos para sobrevivir. Algunos presos crearon talleres de carpintería, panadería y artesanía, logrando mejorar mínimamente su calidad de vida.
Además, se organizaban espectáculos teatrales y musicales para aliviar la tensión. Guillermo destaca el rol de figuras como Raúl Hidalgo y otros compañeros que, con creatividad, lograron formas de resistencia simbólica. También hace mención de que la visita de una delegación alemana, que filmó el campamento, generó una presión internacional que contribuyó al cierre de Pisagua. El régimen de Pinochet se vio obligado a desmantelar el centro de detención y trasladar a los presos a otras cárceles.
Menciona a: Raúl Hidalgo, Enrique Mandujano, Sanguinetti, José Sampson, William Miller, Pedro Brown, Negro Cárdenas, Hugo Marín, Juan Espinoza, Palomino, Julio Cabeza
Ignelia Patricia Fuentes Rojas proviene de una familia unida en Iquique y estudiaba contabilidad en el Instituto Comercial. Era militante de las Juventudes Socialistas y vicepresidenta del Centro de Alumnos. El 3 de octubre de 1973 fue detenida por Carabineros tras intentar retomar su vida cotidiana, días después de la detención de su madre, simpatizante de la Federación de Mujeres Socialistas.
Durante su detención, Ignelia fue brutalmente torturada. Recibió golpes, descargas eléctricas, fue quemada con cigarrillos, sufrió simulacros de fusilamiento y fue sometida a vejaciones físicas y psicológicas. A pesar de la violencia, no fue violada, aunque fue víctima de acoso sexual por parte de sus captores. Permaneció incomunicada y sin contacto con su familia, hasta ser trasladada al penal de Pisagua, donde se reunió brevemente con su madre.
En Pisagua, enfrentó tortura psicológica constante, amenazas de fusilamiento y sesiones de interrogatorio. Fue castigada en las caballerizas, expuesta al sol y sometida a condiciones inhumanas. Durante el primer consejo de guerra para mujeres en diciembre de 1973, Ignelia fue juzgada sin defensa legal. Aunque inicialmente enfrentaba un año de prisión, finalmente fue liberada junto con su madre.
Debido al trauma y la persecución, se trasladó a Santiago, donde continuó trabajando en el ámbito de los derechos humanos y en actividades políticas clandestinas. Mantuvo una relación con Víctor Serena, un militante socialista, quien fue torturado y asesinado por agentes del régimen. Más tarde, Ignelia se casó con Luis López Mora, también militante socialista, quien fue detenido y permaneció encarcelado durante cinco años.
Ignelia y su familia vivieron exiliados en Alemania, gracias a la intervención de Amnistía Internacional. Regresaron a Chile en 1994, donde Ignelia continuó trabajando en el ámbito municipal en Iquique y Alto Hospicio.