Miguel Cabrera comienza describiendo su vida como estudiante y militante comunista en Concepción y luego en Iquique, donde fue dirigente del Partido Comunista. Detalla cómo fue sorprendido por el golpe militar mientras trabajaba y cómo intentó mantenerse activo dentro del partido en la clandestinidad hasta su detención.
Durante su arresto, sufrió torturas, interrogatorios y simulacros de fusilamiento en Pisagua, donde la violencia y la incertidumbre eran constantes. Describe el ambiente hostil, los abusos sistemáticos y la represión contra los prisioneros políticos. A pesar de la brutalidad, destaca la resistencia y la solidaridad entre los detenidos.
Finalmente, menciona cómo su vida se transformó tras su liberación, enfrentando precariedad económica, listas negras y dificultades para retomar su vida laboral.
Menciona a Eduardo Palacios, Pato García, Hernán Cortés, Inés Cifuentes, Raúl Hidalgo, Roberto Echeverría, Torito (Castillo) y Montecinos, Orlando Cabrera, Luis Díaz Zepeda, Lorenzo Mejía
El testimonio de Héctor Taberna narra su experiencia como militante socialista y su detención tras el golpe de Estado. Héctor se involucró en la política desde joven, influenciado por su hermano Freddy y su entorno. Militó en la Juventud Socialista y fue parte activa en organizaciones barriales. Fue detenido tras entregarse voluntariamente el 14 de septiembre de 1973. Estuvo recluido en el Regimiento de Telecomunicaciones, donde presenció la tortura y la llegada de otros detenidos, incluido su hermano Freddy. Héctor describe torturas atroces, violencia constante y la manipulación política de los militares.
El 17 de septiembre fue trasladado a Pisagua. Allí, Héctor presenció ejecuciones encubiertas bajo la llamada «Ley de Fuga,» incluida la de su hermano Freddy y otros compañeros. Finalmente, Héctor fue relegado por siete meses en Pisagua y liberado en 1974.
Oscar Varela, trabajador marítimo y simpatizante del Gobierno de la Unidad Popular, relata su experiencia durante y después del golpe de Estado en 1973. Tras el golpe, ofreció refugio a familias perseguidas como la de José Manuel Palma y Freddy Taberna, quienes eran sus amigos y compañeros de lucha.
Varela fue arrestado el 18 de septiembre de 1973 junto a Palma, luego de que Freddy Taberna se entregara tras la detención de su esposa. Fue llevado al cuartel de Investigaciones en Iquique y luego al campo de concentración de Pisagua, donde presenció torturas, ejecuciones y condiciones inhumanas.
En Pisagua, a pesar de la brutalidad, Varela fue obligado a realizar trabajos forzados, como construir barracones y recolectar mariscos para el casino de oficiales. Sus habilidades marítimas le permitieron ganar algo de autonomía durante estas labores. También fue interrogado y golpeado por sus vínculos con la izquierda y por brindar refugio a perseguidos políticos.
Posteriormente, fue relegado a Arica, donde enfrentó vigilancia constante y luchó para mantener a su familia mediante trabajos marítimos y de transporte. Años después, participó en la recuperación del cuerpo de César Fernando Toro Chávez, un joven ejecutado y enterrado clandestinamente en la costa de Caleta Buena.
Ricardo Torres fue detenido en octubre de 1973 mientras manejaba un taxi en Iquique y trasladado inicialmente al Regimiento de Telecomunicaciones, donde enfrentó interrogatorios violentos, aunque no fue torturado físicamente como otros prisioneros. Sin embargo, fue testigo de simulacros de fusilamiento y maltratos brutales a otros detenidos.
Posteriormente fue enviado a la cárcel de Iquique, donde permaneció bajo custodia del Regimiento. Allí recibió un trato relativamente decente por parte de algunos oficiales. Sin embargo, fue trasladado a Pisagua. En Pisagua, sufrió torturas, incluyendo golpes y simulacros de fusilamiento, y presenció la muerte y desaparición de compañeros, entre ellos Héctor Higueras y Carlos Yáñez.
Su condena original fue la pena de muerte, solicitada por el fiscal militar, pero el Consejo de Guerra la conmutó a cadena perpetua. Eventualmente, su sentencia fue modificada y fue exiliado a Canadá en 1975. Relata el difícil proceso de adaptación en Canadá, donde trabajó arduamente para sostener a su familia en Chile. Intentó regresar a su país tras el fin de la dictadura, pero enfrentó discriminación y falta de oportunidades, lo que lo llevó a retornar a Canadá.
Ana Marlén Guerra Encina, es relacionadora pública, gestora cultural, es especialista en temas educativos y medioambientales. Es una de las fundadoras de Hij@s y Niet@s por la Memoria de Punta Arenas. Proveniente de una familia de militantes políticos, vivieron la represión dictatorial, la prisión política y el exilio. Es nieta de Atilio Encina, dirigente sindical portuario y militante socialista que pasó por varios recintos de detención y tortura de Magallanes, entre ellos la Isla Dawson, para después partir al exilio a Argentina.
La Agrupación de Ex -Presos Políticos de Valdivia fue fundada en el año 1990. En sus inicios esta organización tuvo como objetivo abogar por la libertad de los presos y presas políticos que, en democracia, aún se encontraban en reclusión en la Cárcel de Isla Teja. Después del golpe de Estado, los prisioneros políticos no tenían permiso para ver a sus familiares ni para trabajar. Con el tiempo esta situación cambió y se permitieron las visitas los días sábado y facilidades para trabajar en un taller de carpintería. Los detenidos llegaban en muy malas condiciones físicas y anímicas, debido a que desde el mismo momento de su detención eran sometidos a malos tratos, tortura e intensos interrogatorios. Provenían de los diversos retenes y comisarías de la provincia, así como de recintos militares habilitados para este propósito. En esta entrevista se registra la primera visita de ex presos políticos a la Cárcel de Isla Teja, que se mantuvo operativa hasta el año 2007.